Martes 14 de mayo de 2002
 

Música Ficta: de cuando lo falso es sincero


La cuenta había quedado sin saldar desde julio del año pasado. En aquellos lejanos tiempos en que las entradas se pagaban en táleros (*), los integrantes de Música Ficta se instalaron muy frescos sobre el escenario del 1ro. de Mayo, derramaron un montón de música entresacada de los polvorientos intersticios de viejos castillos, y se largaron muy risueños sin siquiera dar cuentas de su nombre al público intrigado. Ya bastante enigma es la música, como para que además sus secuaces se hagan de algún alias misterioso.

Como la crítica les dolió, volvieron. Pero esta vez mostraron sus documentos y contaron la razón de su interés por aquella música otrora considerada falsa, y que ellos -como sus antepasados- hacen con toda sinceridad. Al fin y al cabo, la franqueza siempre fue acorralada por "esa hipocresía llamada pudor, que consiste en no decir sino raras veces lo que se piensa de continuo". También en música.

Y yo procuro ser sincero: difícilmente intente nunca escribir medulosamente sobre quienes hacen música de verdad, sobre quienes ante todo entienden a la música como un vínculo social. Música Ficta no despierta al crítico: lo cautiva. Con su ingenuidad y su frescura, abre una ventana a los tiempos de muros jamás infranqueables para alguna enredadera enamorada. Viene de algún castillo sin fantasmas eruditos, de esos que vomitan teorías nunca vividas y jamás sentidas.

Casi todas las piezas interpretadas carecen de autores conocidos. Extraño destino el de tantas cosas buenas sembradas por el anónimo colectivo. Quizás sea mejor así. Quizás sea mejor pensar que la música no se crea sino que la descubre quien quiera escucharla. Personalmente, me quedo, como el público -supongo-, con el recuerdo de la limpia voz de Moira Santa Ana tintineando entre los Arvolicos dïalmendra, la premonitoria rítmica raveleana de la Razón an os diavos, la perfecta dimensión de la oceánica vastedad romántica levitando en la voz de Pablo Ravachini desde En la mar hay una torre, y los gérmenes traviesos del folclore en gestación embarcados en la Lancha para bailar de la que desembarcaron la Despedida.

Otros culpables fueron Laura Wright, Alba Schoijet, Carlos Diener, y Rubén Soifer, director del grupo. Ahora la cuenta está saldada. Pero igual pueden volver, si Los Espejos conservan el brillo de su imagen.

(*) Antigua moneda alemana (Thaler), de la que deriva la palabra dólar.

Mariano Cabral Migno



 
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